Es un ejercicio, que cuanto más sentís, más se hace vicio. Esperando entre el ruido de teléfonos, voces disonantes, yo floto, estoy aparte. Qué me hizo sentirme tan distinta, ¿tan duro fue el rechazo cuando era piba? mi cerebro es una naranja reseca, frágil territorio para el nacimiento de la hierba, pensamiento en nebulosa, Via Láctea organizando la métrica, peligrosa danza. No miro a los ojos y mi lengua se embota, no puedo expresarme y tengo rabia, frunzo los labios, chiquito agujerito por el que respiro y enjaulo a mi labia. La mirada punzante de gente que no entiende, me miran como la octava maravilla, o como a la peor de las suertes. Me dijeron que yo entera soy un accidente, que las sirenas suenan para mí cuando no sé dónde esconderme, que las caretas se caen por más que me ponga maquillaje, que siempre dominé el arte del lenguaje. Lloré tanto que me desperté en el piso, aullando por los demonios en sueños combatidos, cada día la misma batalla de estar vivo y de flotar entre las personas, siendo ejemplo de tiempo perdido. Muy egoísta para la casa, el auto y los hijos, muy miedosa para el compromiso, demasiado fiera para tu jaula y difícil de encasillar en tus pautas. No señor, yo camino hasta morir, yo sigo sola y es mejor así, yo solamente entiendo de resistir. Hoja al viento, flor de otra tierra, alergia, vivo siendo palmera. Sueño con el mar y el agua que me baña, con la sal en los ojos y en las palmas, mientras con el cuerpo en la arena me olvido, el mundo es tibio. Estampa de felicidad, las películas con mi viejo, las vidrieras con mi mamá, cuando el cielo estaba tan cerca que lo podía tocar. Crecí y me sentí disminuida en lo alto, tan sola en mi cima, a la derecha de Dios y abajo todo ruinas. Me recompuse, me expuse, me di y la peleé, luché por sentir que volvía a nacer, y ahora navego en el velero de mi ansiedad con aguas turbulentas, truculento pasado tras mis velas. El horizonte ahora que es de noche está más cerca, espero llegar a él cuando amanezca.
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