viernes, 28 de octubre de 2016

Shades of cool

(Escribir sobre algo significa exorcizarlo.
Es perderlo.)

Me tiro en la cama, fumo faso y te hablo de que Elliot es el amor de mi vida, que cómo puedo ser tan igual a BoJack, que Jesse es el único bueno de Breaking Bad. De cómo odio menstruar, de que un set de rodaje es un juego y de que me pongo triste cuando lxs amigxs se van.
Me narrás cada episodio que vas viendo, me contás historias de chicas con las que salís, y que tu ex es muy parecida a mí. Que a tu hermana también le encanta Joy Division, que tu trabajo no te lleva a nada y cómo te sentís perdido y confuso la mayoría del tiempo.
Quiero bajar un toque la pantalla de la netbook y reclinarme más en la almohada, sentir que me abrazás y hablamos de lo que estamos viendo mientras me agarrás el culo.
La felicidad puede ser así de simple.
Entiendo tu bronca y me seduce tu carácter, delicado y tosco a la vez. Me imagino tus rayes y tus llantos, tu aislamiento elegido, tu compulsividad para coger.
Y deseo.
Quiero pasarte a buscar por el trabajo con un porrito y hacerte el desayuno sin bragas. Esperarte con una serie cargando y muchos besos.
Estamos tan lejos, y no solo por el océano que nos separa.
Es imposible llegar tan lejos con vos, nunca puedo ir más profundo.
Pero espero.
Ese día en el que te diga 'acá estoy', parada frente a vos, sin poder mirarte a la cara.
Haceme sentir cómoda e invitame a fumar en tu cama.
Nunca vamos a tener otra primera vez.

viernes, 7 de octubre de 2016

Girl wants to cum even more than she wants to die

Una pantalla tras otra, me froto sobre la ropa, quiero llevar la excitación mental a mi clítoris.
Clickeo un link tras otro, llevo así tres horas, y no puedo acabar más.
Pero sigo fumando y no quiero hacer otra cosa, allá afuera me espera mucha vida, y es más seguro acá en la cama a oscuras.

Es quien yo quiera que sea, cuando tenga ganas, un recuerdo o una fantasía.
Las fotos, los videos, son un fondo, una referencia.
A la hora de la verdad, siempre está mi imaginación.

Los cobardes que me imaginan chupándoles la pija, pero no se atreven a hacerlo real.
Los valientes que me escupieron en la boca y apretaron mis tetas.
Me imagino el sexo real, la transpiración y el tacto.
Me da asco, me calienta más escuchar cómo me decís 'hermosa'.








martes, 4 de octubre de 2016

Le gustas a mi amiga


La ropa me olía ligeramente a birra, a vino, a lo que hubiese tomado en el día. Cigarrillo omnipresente entre mis dedos o en mi boca, caminé los veinte pasos que separaban mi grupo del de él. Era a la tarde, no muy lejos del río, mis amigas reían, fumaban, hablaban con chicos que se les acercaban. Y una de ellas me estaba mirando, yo seguía alejándome hacia el futuro más próximo, ese grupo de skaters medio emos con flequillo al costado, epidemia común en el 2007.

Les tapo el sol a los tres o cuatro pibes que descansan medio tirados en sus skates. Me miran y puedo verlo en sus ojos, el reproche por privarlos de luz y un reproche adicional por ser muy incómoda de mirar. Me acostumbré a esas miradas desde chica, y la verdad ya no me afecta. Con la voz levemente pastosa, me planto en la tierra del skatepark y me concentro en que soy un pibito, una bollera bastante machona, y le digo al más rubiecito de los muchachitos: le gustas a mi amiga.

Silencio. Alivio. La marimacho caretea tres secas de porro, el pibe aprovecha y le pregunta: ¿a cuál? Uno de sus amigos me gira un litro, acepto y señalo a la más bonita y nerviosa de mis amigas.  Ella nos estaba mirando, ve que él la mira y rápido mueve la vista a su celular. Los amigos del rubiecito hablan entre ellos, se ríen, pero no presionan la decisión.

¿Venís conmigo y te la presento? Digo yo, porque ya me siento borracha e incómoda. Y no me gusta que tanta gente mire mi cara tan de cerca. El chico deja el skate, se levanta y me acompaña.

Esto es lo más cerca que voy a estar de un chico desde que tengo uso de razón.

Es lindo, me gusta su ropa y cómo camina, cómo mira. Debe ser un buen pibito, en un buen colegio, debe escuchar buen rap y tener buen porro.

A mí me gustan los chicos, y me gustan mucho, como a Pucca le gusta Garu. No importa cuánto lo mencione, o cuánto de obvia sea, nadie registra mi heterosexualidad, soy el estereotipo de lesbiana camionera por mi cuerpo, mi pelo y mi ropa, y eso dicen que soy. La etiqueta me dio un lugar de pertenencia, y para el momento de esta historia, ya proyectaba toda mi masculinidad.

Llegamos a destino, ellxs dos se sonríen y yo vuelvo a mi litro abandonado, a mis cigarrillos, a mis risas escandalosas y a mis amigas.

Siempre tengo amigas hermosas. No es un decir, es real. Chicas a la exacta medida del canon impuesto socialmente. Ella en concreto es como una Lana del Rey, más ruidosa y pequeña. Se levantaron con un litro y se están alejando de nosotras. Ya sé cómo es ella, va a aceptar un beso de él al final de la charla, y eso es todo. Es romántica, llora con A 3 metros sobre el cielo. Yo me masturbo todo el día y lloro cuando no me carga XVideos.

Y es que soy un varoncito, soy uno más de los pibes, no sirve de nada que me guste uno de mis compañeros de clase, porque él no me vio, y miró a alguna de mis amigas. Soy exagerada y llamativa, siempre riéndome más alto que nadie, diciendo las cosas que nadie dice, dejando de cara a cualquiera que hable conmigo. Mi estampa de varón se cae en mi torso, soy muy tetona y no lo oculto, aunque tampoco lo muestro.

Y así soy un poco más grande, detecté que mis puntos fuertes eran las tetas y la boca, y con esos dos componentes, aunque sea me registraron un par de chicos, feos y turbios en su mayoría, pero bueno, ¿qué más podía pedir?

Soy la amiga gorda, masculina, fea, la que no van a besar aunque se tomen todo el escabio del parque, uno más de los muchachos. Me duele profundamente, siento que soy un unicornio dentro de un elefante, y que nadie puede verme como yo me veo. En secreto, antes de bañarme, me miro desnuda al espejo. Miro mi cuerpo, biológicamente femenino, y me tranquilizo. Hasta que no lo veo, siempre me siento un hombre.

Paso mucho tiempo a solas en mi habitación, escribiendo fanfics y escuchando The Rasmus y My Chemical Romance, escabio a escondidas, ya empiezo a curtir ese aura de poeta maldita que me conforta y da reclusión obligatoria a mi fealdad. Todavía no sé qué es el porro. Y mi primer amor vive al otro lado de la medianera, y no lo conocí aún.

Resultó que, como en una película de Disney, la fea bestia consigue su príncipe. Mi primer noviecito es un pequeño Gerard Way, tiene la piel más hermosa del planeta, se pone en pedo conmigo, me lleva con él a todas partes, se pone triste de noche y dice que yo le gusto más que Kill Bill. Es el chabón más raro de mi mundo limitado, siento que encontré otro unicornio, y es la coincidencia más feliz de mi vida.

Por supuesto que más pronto que tarde se pudrió todo, porque se mudó a otra ciudad y yo no quería extrañarlo, así que le corté. Él se puso muy triste y me dejaba notitas de que me amaba, un poco creepy, pero esa es otra historia.

Era el primer chico que se fijó en mí, al que le gustaba siendo lo que lxs demás señalaban, y no le importaba nada. Le presenté a mis amigas y también me prefería a mí, un hito en la historia.

Las cosas no cambiaron mucho en estos diez años, sigo siendo la amiga ebria que se acerca al grupo de chicos diciendo ‘le gustas a mi amiga’, pero ahora con una imagen femenina, aunque agresiva. Los tipos me registran, pero se callan, porque conmigo no se jode. Mis amigas siguen siendo hermosas, y en estos años me gustaron mucho varias también.

Y de vez en cuando aparece un pibe que me da ganas de hacer las cosas bien, de manejarme como una persona normal y no como una bolita de ansiedad y autoimagen dañada. Pero no puedo evitar ver en él a todos los demás, charlar con él con perpetuo miedo a que me diga algo de una amiga y saber que ya no tengo mucho más que hacer. Sí, me deconstruyo todo lo que puedo en bocha de sentidos, y esto sigue pasándome a menudo, porque nadie es perfecto.


Eso es algo que estoy aprendiendo. Tengánme paciencia.