Y asi te fuiste, en la brevedad de un sueño.
Y asi me duele, con la nostalgia de lo que no pasó.
Como algo tan superficial puede horadar tan adentro.
Es el invierno mas largo de mi vida.
Son las semanas en que busco el calor que desprecio en primavera.
No busco más.
Mi invierno también es florecer.
domingo, 21 de agosto de 2016
martes, 16 de agosto de 2016
Ojalá no te hubiera conocido nunca.
No corras hacia lo que te va a quemar, me dijeron siempre,
pero yo fui, me quemé tantas veces que ya soy más cicatriz que persona.
Y lo
volvería a hacer cada día.
Fue hermoso tenerte dentro cuando nadie lo sospecharía
jamás, fue hermoso poseer tu amor un rato cada dos semanas.
Pero basta.
Huyan como cuando eran chicxs, como siempre.
Como nunca.
Escapen a otra provincia, otro país, donde quieran, siempre
van a estar con ustedes mismxs.
Miéntanse.
Digan que no aman, que no pueden, que no quieren, que muerte
a la monogamia, al género, a lo común.
Chicxs viajerxs sin brújula que indique el norte.
Con ustedes abrí mis piernas tanto como mi cabeza. Les
indiqué dónde está mi corazón para que lo hirieran como más les gustaba.
Cumplieron.
La más bella de las heridas, hoy supurante, mañana apenas
una mancha.
No voy a decir que me inventé todo esto, no debo conformar a
nadie con mis palabras.
Existió tu sonrisa y tus ojos clavados en mi boca cuando te
hablaba, y me ponía nerviosa tu silencio que ya sabía que desembocaba en un
beso. Entregada sabiendo que solo existe
esa noche y mañana todo será una resaca confusa. Que los días pasarían entre
caricias y abrazos, que nadie imaginaba la transpiración compartida, lxs dos
hablando de chongos y del amor ajeno delante de lxs pibxs. Siempre tan cool que
me quiero morir, siendo la definición de arte.
Existieron tus preguntas morbosas sobre las cosas que hacía
con otres mientras te acariciaba, como pasó que me gritaste ‘te amo’ un día en
el que te enamoré, y también lloraste contra mi pecho apretándome como si
quisieras que fuera eterna. La rutina de fumar, llorar y coger tan instalada,
tan cómoda, tan inútil. La historia que soñé de tan drama queen, con el chico
hermoso, confuso e indescifrable, que me enseñó el valor de lo pasajero y lo
divertido de lanzarse sin pensar.
Me leo y solo pienso en lo que me encantó haber vivido esto,
porque mis últimos diez años fueron muy centrados en las emociones.
Y yo soy
hija de Hollywood y fanfictions, de playlist romanticón ‘a todo o nada’.
Tenía
que pasar por esto, buscar estas experiencias.
Y matarme después.
Una parte de mí se murió acá, una muy grande.
Ahora hay más espacio para lo nuevo.
Gracias por vivir esto conmigo.
Mucha suerte.
viernes, 12 de agosto de 2016
La bailarina de Pasión de Sábado
Quiero salir con la bailarina de Pasión de Sábado.
Me gustan sus minishorts y sus medias de red.
Me gusta como le cae el pelo rubio por la espalda.
La veo moverse.
El twerking es lo más parecido a la magia a veces.
Sonríe, cañón de canon.
Y yo estoy lejos de su encanto, ya lo traspasé.
Quiero prenderme un faso y que baile frente a mí.
Invitarla a tomar champán y que ponga su mano sobre la mía.
Irnos a transpirar a otra parte y conocerle los besos.
Mi bailarina movida por la pasión, porque es sábado.
Espejos.
Nuestra vida se va con el discurso.
Intentando pulirnos de cara a un público inexistente la
mayoría de las veces, algunas pocas es una sensación real.
No queremos patinar.
Odiamos contradecirnos, sonar incoherentes.
Ser reales.
Somos Dios.
Más allá de todo y sin nada más que observar del afuera,
porque la verdad está dentro.
Hay un riesgo enorme en no poder ver el exterior, y es
perdernos en el interior.
Y no volver.
Para pasar por la vida sin que nada nos toque, nosotres
antes que nadie, sálvese quien pueda.
Encuentre su Dios interior.
Y quémelo.
Somos teorías, somos engaños, somos frustraciones, somos
dependencia.
Somos el sufrimiento de no aceptar(nos)
Y por eso embellecemos con palabras, con repetición, con
‘ideas de’ antes que ‘experiencia en.’
Y hacemos de nuestra imagen nuestro reflejo, no nuestra
identidad.
La aceptamos, la modificamos, le damos vueltas arriba y
abajo, pensamos en cómo nos proyectamos.
Lo que queremos que se vea y lo que tapamos.
Cosas que preferimos no recordar.
Actitudes que no reconocemos tener.
Engaños ante el espejo, falsa seguridad apoyada en el
discurso de nuestra corporalidad y nuestras palabras.
Ya nos creemos a nosotres mismes.
Y no escuchamos a nadie, porque ‘no me conocés mejor que
yo’.
Pero le otre te conoce muy bien. Te ve.
Sos le mayor mentirose del mundo.
Pero vos te ves.
Vos sos le otre.
Y deberías amarte.
Amar es reconocerse en lo que te rodea, tus gatos, el porro,
Netflix y les otres.
Y decir(se) ‘la verdad, qué bosque peligroso es nuestra
mente’
Perdonarnos por tanta incoherencia.
Por tanta ceguera.
Por tanto que no hacemos respecto a lo que predicamos.
Por cómo el discurso nos comió.
El personaje se devoró todo y dejó algunas miguitas.
Juntalas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)