domingo, 11 de septiembre de 2016

Boys.

Te encaré porque yo elijo lo que me voy a comer.
Puede ser inapropiado, sorprendente, intimidatorio.
Es que me acostumbré a elegir y pedir lo que quiero.

En el manual del machito progre de hoy no está aclarado que sabemos pedir, no tenemos intenciones ocultas ni queremos decir lo contrario cuando decimos algo.

Puede que mis palabras sean torpes y directas, porque no sé hacerlo de otra forma.
No tenés que pensar que voy a tirarme a tu cuello en cuanto tenga chance.
Es más, te sorprenderías de lo tímida que soy.

Mis fotos en bolas en Instagram, mi exposición constante, los comentarios de quienes me quieren coger.
Es la mitad de mí.

La otra mitad es la piba que hace collages, escribe, hace fotos y a veces filma.
Tengo un corazón atrás de las tetas.
Tengo el alma suave y sensible, el espíritu delicado y frágil.
Con mis tatuajes y mi ropa me protejo del mundo.

No te merecés saber cuáles son mis preocupaciones a las 3 AM, o cómo me brotan las lágrimas con un capítulo de BoJack, ni mis palabras cuando todo está mal.
No te merecés nada porque estás dejando que te coma el miedo.

El miedo a una persona señalada socialmente, que no podés presentarle a nadie, ni a tus padres ni a tus amigues, que pensás que no puede comportarse ni que le importe algo en la vida.
Una piba con la que reírte y garchar para sentirte 'más libre' y 'especial' un ratito, la figurita difícil o el placer culposo.
El morbo. La influencia del porno, de las Manic Pixie Dream Girls, pero las que no se exponen, las que no muestran los pezones o sus desnudos son 'artísticos'.
Las que nos exponemos somos una paja en algún rato libre.

Reivindico la vulgaridad, mis fotos en el baño, mostrando todo en calidad pixelada.
Seguir siendo grosera, desagradable, y que te sientas culpable de excitarte conmigo.
Eso me genera más placer que la posibilidad de estar físicamente con vos.
El rechazo es mutuo.

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